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Equilibración

Equilibración

El equilibrio corresponde a la estabilidad del cuerpo y de la mirada.
Requiere la entrada en juego de un conjunto de mecanismos que modulan el tono muscular con el fin de permitir adaptaciones posturales.

Este sistema de control complejo que permite mantener el equilibrio a pesar de cambios de posición y movimientos, puede actuar de manera deficiente en situaciones pocos habituales generados, por ejemplo, por unas estimulaciones excesivamente fuertes o en situaciones patológicas (lesiones de un órgano sensorial periférico, trastorno vestibular...).

Dicha deficiencia en el sistema de control se traduce en una desestabilización del cuerpo y una inestabilidad de los ojos, la fuente del vértigo.

 

El sistema de equilibrio en su conjunto

Sistema plurimodal de estabilización estática y dinámica, la equilibración invoca a los sistemas receptores que llevan, mediante vías aferentes, la información al sistema nervioso central y los sistemas efectores, representados por la oculomotricidad y la intervención de los músculos  antigravitatorios.
Las respectivas funciones de los diferentes sistemas están caracterizados por una gran variabilidad interindividual.
Una cosa, desde luego, es que al aparato vestibular participa en permanencia en las reacciones de adaptación, determinando la posición de la cabeza en el espacio en comparición con la postura fundamental, así como apreciando su desplazamiento.

 

Los sistemas receptores

La equilibración resulta de la integración permanente de información transmitida por 3 sistemas receptores: la vista, el sistema propioceptivo y el sistema vestibular.


La vista
Su papel es indispensable como elemento de orientación y de desplazamiento en el espacio.
El ojo permite de fijar un punto de referencia esencial: la posición del individuo con respecto a los objetos que le rodean. Esta información espacial está aprovechada por la postura, la equilibración y la orientación.
La vista corresponde al laberinto. Para evitar que la mirada centre en un punto de referencia, y por consiguiente permitir un estudio del nistagmo, todos los exámenes vestibulares se realicen en la oscuridad.

El sistema propioceptivo
Se trata, mediante mecanorreceptores superficiales (cutáneos) y profundos (tendomusculares y articulares), de una vía de entrada esencial para la equilibración.
Entre los mecanorreceptores cutáneos, los de las plantas del pie desempeñan un papel preponderante, al indicar la presión diferencial de los arcos plantares. Asimismo permiten la percepción de irregularidades del terreno y la adaptación de los reflejos de equilibración.
Los mecanorreceptores profundos son los receptores osteoarticulares y tendomusculares. Aportan información sobre la posición y sobre los movimientos de diferentes segmentos del cuerpo, sobre el grado de tensión y presión de los tendones, de los músculos y de las articulaciones.
De especial importancia es el papel de los propioceptores de la nuca: aportan información de primer orden para la postura y la equilibración. Algunos trastornos del equilibrio de origen traumático, sobre todo cervico-raquidianos, destacan su importancia.


El sistema vestibular
El vestíbulo, componente del oído interno, reúne a los órganos sensoriales que captan los mensajes y los transforman en impulsos nerviosos.
Especializado en la detección de las aceleraciones lineares o rotatorias de la cabeza en el espacio, y participa activamente en la manutención de la orientación y la regulación del equilibrio estático y dinámico

 

Los sistemas efectores

Informaciones provenientes de estos tres sistemas sensoriales, están llevados a los núcleos vestibulares para analizarse y para compararse las unas con las otras así que con datos que ya están almacenados.
Cuando dichas informaciones son coherentes, se produce un movimiento reflejo de compensación del cuerpo y de los ojos. El reflejo vestíbulo-ocular permite la estabilización de los ojos, por lo tanto una vista nítida, mientras que el reflejo vestíbulo-espinal permite la estabilización del cuerpo.
La orientación espacial y el equilibrio dependen de 2 sistemas motores: la oculomotricidad y la motricidad somática.
La coordinación está garantizada mediante el cerebelo.


La oculomotricidad
 Para facilitar la orientación espacial, la equilibración de la mirada pone en juego diferentes arcos reflejos que emplean la vía efector de la oculomotricidad, compuesta de los núcleos oculomotores, los nervios oculares III, IV y VI, lo que se traduce en un movimiento específico de los ojos al unísono, con el fin de mantener la estabilidad de la mirada.


La motricidad somática
En reposo y durante movimiento, la manutención del equilibrio está asegurada por la contracción de los músculos estriados antigravitatorios del cuello, del tronco y de los miembros. La manutención del tono postural requiere un equilibrio correcto entre la inhibición y la contracción de los músculos antagonistas. Dicha regulación procede de informaciones  cutáneas, visuales, propioceptivas (articulares, tendonales), vestibulares, o de proveniencia de un programa preestablecido a nivel del sistema nervioso central.

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